En Egipto, el sucesor de Nasser, Anuar el Sadat (1970-1981), abandonó el neutralismo activo por el colaboracionismo con Occidente, especialmente después de la derrota ante Israel en 1973. En 1979 firmó el Tratado de Paz de Camp David, que puso fin a las hostilidades con el Estado judío y que permitió a Egipto recuperar la península de Sinaí, pero por el que se granjeó la enemistad de todos los países árabes y de los movimientos islámicos del interior del país. Tras el asesinato de Sadat perpetrado por fundamentalistas islámicos en 1981, Hosni Mubarak accedió a la presidencia del país y del Partido Nacional Democrático, cargos para los que fue reelegido en 1987, 1993, 1999 y 2005. Mubarak siguió la política de Sadat, tratando de mantener un equilibrio entre la posición árabe tradicional y las buenas relaciones con Israel y Estados Unidos y buscando siempre soluciones pacíficas al conflicto árabe-israelí. En 2005 se aprobaron unas tímidas reformas democráticas que permitirían a otros candidatos presentarse a las elecciones presidenciales.

La República Popular de Libia se constituyó como un régimen presidencialista, inspirado en el Libro Verde (1973), en el que Gaddafi enunciaba la llamada tercerateoría universal, que no era otra cosa que un nuevo proyecto de socialismo árabe con el que el coronel intentaba marcar diferencias con el baasismo y el nasserismo. La Constitución de 1973 se basaba en los siguientes principios: política antiimperialista, panarabismo, socialismo y confesionalidad del Estado. En cuanto al panarabismo, Gaddafi intentó varios proyectos de federación con países como Egipto (1971-1972), Siria (1971 y 1980), Túnez (1974) y Marruecos (1984-1986), que resultaron un fracaso; apoyó al Frente Polisario contra Marruecos, a Irán contra Irak y a los rebeldes chadianos contra su gobierno, todo ello para consolidarse como el líder de la causa árabe y sucesor de Nasser; pero los excesos políticos, ideológicos y retóricos de Gaddafi, su actitud beligerante y su excesivo protagonismo le fueron aislando dentro del mundo árabe. Por sus veleidades imperialistas, Gaddafi se enfrentó también con otros países africanos, que vieron la mano del coronel en el asesinato del presidente de Guinea-Bissau, en el derrocamiento del régimen de Alto Volta y los golpes de estado fallidos en Níger y Gambia, todos ellos ocurridos en 1980.
La política antiimperialista de Libia se puso en práctica con una actitud agresiva contra los países occidentales, especialmente Estados Unidos, y en el apoyo a los movimientos guerrilleros y terroristas de todo el mundo bajo la protección de la URSS. Gaddafi se enorgullecía de ser el dirigente antioccidental que mayor hostilidad causaba en sus enemigos, con lo que Libia asumía un papel que por su importancia económica y estratégica no le correspondía. El soporte que el líder libio daba a todo tipo de organizaciones terroristas, especialmente palestinas, para cometer atentados contra intereses occidentales provocó una desmesurada reacción estadounidense; el ataque aéreo y naval contra Libia en 1986, al margen de ser considerado por Reagan un acto de legítima defensa o de agresión en opinión de la mayoría de la comunidad internacional, dividió a los aliados de Washington y suscitó muestras de adhesión a Gaddafi incluso de los líderes árabes que menos simpatías sentían por él.

El régimen libio fue abandonando la causa panárabe en favor del islamismo, que intentó convertir en la conciencia del Tercer Mundo. Pero Gaddafi practicaba una heterodoxia difícilmente asimilable por otros países islámicos; su interpretación herética del Islam no reconocía más que el Corán, y negaba la sunna, hadith, ijma y qivas, la cualidad de fuentes auténticas y, en cambio, defendía el derecho de cada creyente a interpretar el islam según su propio criterio para adaptarlo al mundo moderno, lo que destruía las bases del poder de los ulema. Ante el aislamiento del país y el nuevo orden mundial subsiguiente a la desaparición de la URSS, Gaddafi acabó moderando sus posturas y abandonó su apoyo a los movimientos revolucionarios. A partir de entonces impulsó una política panafricanista (relegando a un segundo plano el nacionalismo árabe) y de buenas relaciones con Occidente.
En Sudán, el gobierno autoritario y fundamentalista de el-Nemeiry intentó aplicar una estricta legislación islámica a partir de de la década de 1970, y combatió las guerrillas organizadas en las tres provincias cristianas y animistas del sur del país. En los años ochenta se creó un Estado federal que incluía los Estados del sur pero posteriormente se introdujo la ley de la sharia y se disolvieron los Estados del sur, lo que provocó una nueva guerra civil. En 1985, un golpe militar restauró el gobierno civil, lo que no impidió que se intensificase la guerra civil. La sustitución de las antiguas leyes islámicas provocó un nuevo golpe militar en 1989, que convirtió al general Omar el-Bashir en presidente de un régimen autoritario. La segunda guerra civil desplazó de su territorio a varios millones de habitantes del sur.
Desde 2003 otro conflicto en la región de Darfur, al oeste de Sudán, ha venido provocando un exterminio de la oblación negra por parte de los yanyawid, apoyados por el gobierno sudanés.
En Tunicia, a principios de la década de 1970 tuvieron que abandonarse parcialmente los principios socialistas ante la enorme deuda exterior acumulada y la incapacidad de elevar las tasas de productividad. El fracaso del modelo de reforma social y económica puesto en práctica con la revolución tunecina y el progresivo deterioro de las libertades públicas hicieron emerger un movimiento de descontento que encontró en las mezquitas su vía de expresión. Con todo, Burguiba se mantuvo en el poder hasta 1987, año en que fue depuesto por Zine El Abidine Ben Ali que se consolidaría en la presidencia también por un largo periodo al ser reelegido en sucesivos comicios, el último en 2009 con casi el 90 % de los sufragios. Aunque Tunicia inició un periodo de mayor apertura al exterior y en 2002 se aprobó una reforma constitucional, el régimen sigue siendo cuestionado por su falta de garantías democráticas.
Recent Comments