Los enfrentamientos entre los tutsis y los hutus, constantes en la historia de Ruanda, ensangrentaron los primeros quince años de vida independiente de este país: en diciembre de 1963 y enero de 1964 fueron masacrados varios miles de tutsis y unos 120.000 más partieron al exilio principalmente a Burundi, donde, a diferencia de Ruanda, se mantenía férreamente el poderío tutsi sobre sus rivales hutus; en febrero de 1973, en nuevos incidentes, se produjo un número indeterminado de víctimas (oficialmente, unas 300), seguido de otro éxodo de tutsis. Como éstos habían partido ya durante los tres años que precedieron a la independencia en una cifra que se estima en 140.000, su porcentaje en la población del país bajó del 15 al 9 % entre 1959 y 1973.
La democratización de muchos países de África en los primeros años de la década de 1990 afectó también a Ruanda, por lo que el régimen del general Juvénal Habyarimana tuvo que consentir que en 1991 fuera establecido el pluripartidismo. Para entonces era cada vez más activa la guerrilla tutsi del llamado Frente Patriótico (FP), que operaba desde la retaguardia proporcionada por los campos de refugiados tutsis instalados en la vecina Uganda.
El 6 de abril de 1994 murió Habyarimana al ser derribado su avión junto a la capital. Los hutus atribuyeron el atentado a los tutsis del FP, e inmediatamente desencadenaron una espantosa matanza (de tutsis sobre todo, pero también de hutus conciliadores hacia éstos); en apenas tres meses perdieron la vida no menos de medio millón de personas, y más de dos millones hubieron de refugiarse en el extranjero, la mayoría, en el Congo. A pesar de todo, para mediados de julio de ese mismo año el Frente se había hecho con el control del país y nombrado nuevo presidente a Pasteur Bizimungu, un hutu moderado; el verdadero hombre fuerte del nuevo régimen pasó a ser, sin embargo, el general (tutsi) Paul Kagamé, que lo depuso en 2000 y se convirtió en presidente, siendo ratificado en el cargo por las elecciones de 2003. A finales de 1996 gran parte de los hutus que se habían refugiado en el Congo regresaron a Ruanda, en medio de la crisis bélica desencadenada por entonces en el país vecino; el retorno se produjo en unas condiciones penosas en extremo, con altos niveles de mortalidad entre los grupos de población más vulnerables.
La avalancha de refugiados que huían del conflicto de Ruanda provocó una crisis en el Zaire (actual República
Democrática del Congo) que desbordó al presidente Mobutu Sese Seko, cuyo régimen, que había perdido el apoyo de Occidente, agonizaba. Esto permitió a sus opositores de la Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación del Congo (AFDLC), liderados por Laurent-Désiré Kabila, iniciar una gran campaña para derrocar al dictador, con el apoyo de Uganda y Ruanda.
Fuerzas hutus refugiadas en la zona realizaban incursiones en Ruanda y el nuevo gobierno este último país tutsi decidió armar a los banyamulengue, etnia tutsi que habitaba en Zaire, lo que complicaría el conflicto por la intervención de milicias indisciplinadas de una u otra etnia que llevarían a cabo acciones muy violentas. En cualquier caso, la ofensiva rebelde terminó con la huida de Mobutu y la proclamación de la República Democrática del Congo en mayo de 1997.
Sin embargo, muy pronto, Ruanda y Uganda, antiguos aliados del nuevo régimen, se volvieron contra él y apoyaron una rebelión de los bayanmulengues en agosto de 1998. Por su parte, Kabila apoyó a los hutus y recibió ayuda de tropas de Zimbabwe, Angola, Namibia, Chad y Sudán, iniciándose una devastadora guerra, la que más muertes (3,8 millones) ha provocado en el mundo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Aunque en julio de 1999 se declaró un alto el fuego, la lucha siguió sobre todo en el este del país, financiada con los ingresos obtenidos con la extracción de coltan, diamantes y otros minerales. Después del asesinato de Kabila en 2001, su hijo Joseph Kabila, que le sucedió en la presidencia del país, inició negociaciones de paz que culminaron en 2002, con la firma del acuerdo de Pretoria, en Sudáfrica, si bien esto no significó el fin de todas las hostilidades, ya que la violencia ha continuado por la actividades de grupos como el Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda, formado por hutus rebeldes. Como consecuencia del acuerdo de Pretoria, se estableció un gobierno de transición y en julio de 2006 se celebraron elecciones multipartidistas, en las que Joseph Kabila fue reelegido presidente tras algunos enfrentamientos violentos en la capital, Kinshasa.
Este artículo pertenece a la colección de Historia Universal de Signo Editores.




